El talento del «último hombre».

No es que esté leyendo demasiado a Nietzsche, es que así soy… inactual, intempestivo. ¿En qué mundo me podría organizar? En cualquiera, pero de vuestra imaginación; y nadie nunca podrá imaginar como vosotros. Yo me pregunto por lo Real, por eso que “responde” a lo que «yo» dejo de ser. El eco… el eco se expande, en el resuena la superación de lo humano. Esta condición tan triste, es un olvido, nada más. Quisiera acercar mi abrazo al humano que encuentro mojado bajo la lluvia pero mi corazón ya me ha arrebatado el gesto de caridad. Ahora soy quien suplica sin mirar a los ojos de nadie y se pone de pie en la montaña esperando el rayo que me aterrorice lo suficiente como para huir de mi humana condición. Salgo a la calle con la cabeza abajo, ando, al parecer, “sin ánimo”, pero no es pena o vergüenza por lo que no se me mira alegre. Es la catástrofe humanitaria, he recordado porque hay que disolver todo humanismo. Me detengo ante la lluvia, no porque deseo la humedad sino porque me pierdo en lo natural. Lo natural nos rebasa, deberíamos superarnos así como lo hace el árbol, así como lo hace el viento. Nos quedamos ensordecidos, dañados en la piel y el alma, sin respuesta, totalmente humanos, reclamamos aquello por lo que ni tenemos derecho. No sabemos ser lo que somos, existimos nada más. Y la Tierra permanece sin sentido, ¡bienvenida al explorador! Dios muerto te espera.

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