Importación: las armas mexicanas no existen.

¿De dónde vienen las armas que disparan las balas con las que nos matamos entre nosotros? ¿Cuándo la muerte se convirtió en negocio? ¿Por qué en lo funerales de “honor” se disparan salvas al cielo? ¿Cómo es que morimos? ¿El asesinato se legitima por el mercantilismo? ¿Se acabará el narcotráfico “curando” a todos los drogadictos? ¿A quién le importan estas preguntas de nadie? Y si les importan, ¿Para qué? ¿Por qué queremos ser libres? ¿Para consumir? ¿Para poder matar? ¿Para alcanzar un nicho de poder? ¿Para destruir al mundo? O simplemente, ¿Para terminar con toda esperanza que emerge de la “caja de Pandora” después de todos los males de la humanidad? ¿Nos respetamos? ¿Nadie quiere que nadie viva? Los seres humanos, entonces, ¿Somos el fin del mundo? Por la noche, ¿Te persiguen los fantasmas de tus muertos? ¿La huida del mundo es la alternativa radical a la desesperanza ocasionada por el masivo progreso tecnológico? ¿Inventamos las armas para matar y nos queremos muertos?

Que se haga una bala por cada hombre que quiera morir y que de Ley todo suicida sea protegido de calumnias y desgarros morales. No. Que se promueva la pena de muerte para legislar cuantos metros a de rodar una cabeza antes de considerar nuestro juicio como una atrocidad. No. Se dice que las construcciones del racionalismo ilustrado han configurado las revoluciones más sangrientas, que Kierkegaard estaba resentido con el clero por traumatismo paternal y que Nietzsche no era nada más que un soñador. Tampoco es cierto. Lo cierto es que no aceptamos ninguna crítica a nuestra cultura occidental sublimada, que nos creemos por los cielos cuando la poética del aire ha sido desplazada por la incomunicabilidad entre hombres y aves, que los palacios bajo el océano se han derrumbado; de los mythos solamente hacemos bromas, joyas y sentimientos melancólicos por la Antigüedad. No creemos en nada más que en nuestra propia muerte, o en nuestro trabajo. Por el trabajo justificamos nuestro esfuerzo, nuestro apasionamiento existencial. Los adictos, son inexistentes por causa de ellos mismos, los menospreciamos y los desaparecemos en bosques de lágrimas o en santuarios clínicos de redención. La explicación que el hombre le da al hombre es pura doctrina, por eso se entiende que no podamos obedecer a nada más que a los dogmas pragmáticos del escencialismo teológico o jurídico. La política ha convertido el poder en algo anti-natural, porque ahora todos los hombres no creen en los Otros como individuos por su propia causa, ahora culpamos a los padres, a los hermanos, a la familia en conjunto, por no ser-ellos-mismos y dejarse siempre influir por los demás. No creemos en la pureza de la subjetividad del Otro, más bien, objetivamos al Otro en nuestra presunta pureza de juez, pero nunca humanos, jamás humanos. Nos educamos los unos a los otros para que no nos roben, para que no nos maten o violenten a “nuestras” mujeres. ¿Desde cuándo hablamos de otro ser humano en términos de propiedad? ¿Por qué decimos que la esclavitud es cosa del pasado si aún pensamos en otros como objetos de un servicio para nuestro ser-en-el-mundo? La civilización no es otra cosa mas que los seres humanos desespiritualizados que han visto en las constituciones teleológicas el fin del hombre mismo para su último devenir animal. Devenir animal no es cargar con la culpa de lo humano. El salvaje es aún más sabio que el tecnócrata más civilizado. No será extraño escuchar de las tribus polinesias más aisladas que no entienden como es que el hombre “moderno” usa las armas que construyen contra sí mismos, y dicen: “las armas las hacemos para comer, el animal muere dignamente, luchando; así como el león se come a la gacela, nosotros también necesitamos comer; por eso, las armas se hacen sólo para dar muerte a los animales que nos alimentan.” Los “vegetarianos” (o pseudobiologos) ahora se lamentan, porque saben que sólo entre ellos se argumenta el debate ideológico de una ecología sin mundo, por eso, no se verá ningún “vegan” que no converse con “carnívoros” pero siempre podremos ver como los “vegan” se carcomen entre ellos así como los “omnívoros” se matan entre sí. Los “vegan” no se matan entre sí porque les faltan fuerzas y a los “omnívoros” les hace falta conciencia de mundo. ¿Dónde estamos cuando pensamos en el mundo? ¿En el mundo? Les diré que no, mis queridos lectores hipócritas de su autor levemente hipocondriaco, porque el mundo es colosal a comparación de nuestras necesidades. Y luego, hablando de necesidades, si tengo con que vestir, en donde comer, dormir y asearme, ¿Qué causalidad encontramos entre el mundo y relacionar la libertad con un poder tener iPod‘s o Ferrari’s? Sólo en esta sociedad descafeinada se nos vende azúcar que no es azúcar, café sin cafeína y cerveza sin alcohol. La excesiva conciencia racional nos ha arrojado a una situación en donde ni siquiera el más racional entiende, y esto es, porque la razón no lo puede explicar todo. Volverán lo tiempos de los profetas y los poetas, porque nadie vive el instante de forma tan pura -rasgando lo eterno- como aquél que se clava en una cruz en nombre de la humanidad ni tampoco nadie se atreve a surcar los cielos para mirar la tierra con sentido natural.

Los mexicanos estamos hambrientos de cambio y aún quedan ingenuos que se posicionan en la reflexión entre votar por un partido o por otro. No. Lo que se necesita es otra revolución mundial con la filosofía como arma. Sin embargo, el mexicano ha optado por el hurto, el narco, la violación y el abuso de otros. Los Derechos Humanos no son otra cosa mas que la justificación del absurdo altruista de lo humanitario, pues no castigan al hombre sino hasta después de que se haya corrompido la singularidad de otro… y eso, si te escuchan.

Que pena me dan los filántropos y no soy un misántropo. Yo sólo creo que el hombre, desde el «Origen de las Especies» de Darwin, se volvió chango de nuevo o negó al chango y lo colocó como otro objeto de estudio. Somos terribles, el terror mismo. No se porque se sorprenden de las catástrofes ocasionadas por los fundamentalismos. ¿O es que acaso ya se les olvido a los “buenos” cristianos que su Inquisición no fue un exhorto para el terrorismo islámico? No todo el Islam es terror, ¿se nos olvida su religión y sus religiosos?

Pero ‘nah‘! Curioso es que tanto pandilleros como narcotraficantes traigan un tatuaje de la Virgen de Guadalupe en su espalda. Claro, ella es la muerte, el retorno a la nada, al vientre inmaculado de nuestra perfección sin mundo.

¿Dónde estábamos antes de nacer?

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