Chang Soo Ko: “El sonido del silencio”

Ediciones del Ermitaño

Colección de literatura coreana

Solar Editores

ISBN: 9-786077-640301

Si bien la poesía puede demandar del lector ciertos conocimientos lingüísticos y simbólicos, no deja de ser una frontera literaria que rebasa a las grandes narraciones en el contacto directo con un público determinado, porque la poesía no tiene ninguna población específica a la cual se dirige para ofrecer sus letras. La poesía toma inmediatamente la forma de la voz sin asfixiarse nunca en el interior del lector, a veces, incluso se hace poner en la lengua para ser recitada y transmitir su sentir de oído a oído.

Y es en este sentido sobre el cual se manifiesta sublime la prosa y el verso, la meditación y el ritmo de Chang Soo Ko.

Nació en Corea durante 1934, sus poemas comenzaron a ser publicados en periódicos coreanos y estadounidenses desde 1960. Compone una figura poco común para la literatura, pues ha servido a su país como cónsul en Seattle, y ha sido embajador en Etiopía y Pakistán. Su poesía se entrelaza con la cultura oriental desde un profundo conocimiento de la literatura occidental, las influencias de T. S. Elliot y Rainer Maria Rilke son evidentes por sus formas delicadas que van directas hacia la conciencia del lector, al cual exigen la meditación interior a través de la inspiración que consiguen por una destacada profundidad debida a la también muy notaria influencia de la poesía zen.

El sonido del silencio, como poemario, constituye un paisaje abrumador precisamente por su aire reflexivo de interiorización de las más diversas sensaciones, colocándonos frente al mar entregándonos a la contemplación de su voz, o bien, dentro de la conciencia de una araña que nos cuenta la percepción geométrica de su entorno y su íntima relación con la telaraña. Cada instante lo vuelve eterno, suspende el tiempo y se sumerge en la más mínima fisura del espacio, haciendo brotar raíces de las nubes, la tierra llueve, el sol se entierra y la luna flota, cada trazo, cada palabra, penetra un ritmo armonioso que se vuelve eco en nuestra memoria inmediatamente.

Antes de seguir, demos lugar al “Manifiesto del poeta”, poema ubicado en las páginas 34 y 35 del libro:

Manifiesto del poeta

No he venido aquí por sus melodías

o por su profunda lógica;

no por el dedo que señala presuntuosamente a la luna

sino por algunos fulgores de luz que vienen de fuera de la historia.

No la voz articulada

sino un silencio ominoso

una pausa, no la repetición.

He venido aquí por una revuelta de las cosas familiares

no la pareja completa que baila junta.

Quiero alguna violencia que destruya su compostura.

Lo que pudo haber sido es lo que más me atormenta.

En alguna parte, entre la acción y la ilusión

donde la cuchilla de la espada destruye nuestra imaginación

permanece la poesía

aunque los sonidos se carcoman.

Donde nuestra metáfora sobreviva a la extinción

dejadme meditar y cultivar la mía.

Dejadme preferir una descomposición tranquila de la imagen.

Mis oídos están abiertos a otras voces

más a aquellas nunca oídas.

Dejad que arda la leña en mis metáforas embriagadas.

Sé que la poesía viene

cuando la suelto de mi mano hacia mi realidad.

Así necesite más encallamientos en mi cosmos.


Leyendo el manifiesto del poeta nos encontramos con el hecho de que el autor se posiciona a sí mismo en ocasiones dentro del cuerpo del texto; para la comprensión de la experiencia poética, tal “aparición” nos indica el sentido profundo que tiene de la poesía Chang Soo Ko. No es que se trate simplemente de una realización personal o de un acto de creación mediante el cual un ser singular se desarrolla, sino que es un acto de creación en sí mismo que define la textura de la superficie de deslizamiento para el lenguaje originario subjetivo. El camino de la expresión metafórica se eleva sobre el ser portando la impronta del imaginario profundo, no hay línea de fuga, es un fenómeno de abstracción del mundo, plegándolo sobre la conciencia, transfigurando la voz y la palabra escrita, devuelto al mundo como poesía liberada de imágenes opresivas para el pensamiento.

En el sonido del silencio leemos reflexiones acústicas, en donde incluso los poemas dedicados a la fotografía o a los paisajes contemplativos se describen a través de ecos, resonancias y vibraciones. Mientras la imagen desaparece en su desvanecimiento, obligando y apurando a la mente a capturar de forma instantánea lo percibido, los sonidos permanecen aún en su desvanecimiento.

Y entonces  podemos leer, en la página 41:

Silencio

Mi mirada fija se quema en la piel del silencio.

El silencio parece un agujero

perforado por una flecha en la ventana de papel.

Sólo el viento se queja cuando roza los bordes.


Su poesía está inspirada en una filosofía budista acompañada por una forma poética del roce, del mínimo contacto, de la caricia y su musicalidad rítmica, forma que es representada por el murmurar de un trazo pictórico simbólico.

Así describe el tiempo-espacio de una reflexión, en la página 28:

Mi mente, esta tarde

Esta tarde

mi mente recuerda nombres olvidados,

los nombres que cayeron en vida

y se desvanecieron como luces estelares.

Esta tarde

mi mente revive melodías queridas,

las melodías de las cuerdas de una cítara

que mis dedos pudieron haber pulsado.



La memoria se disemina por todo el cuerpo, porque es el cuerpo el órgano de la memoria. Nada tendría sentido si cada paso que andamos no se convierte en un recuerdo de nuestro estar en el mundo. El sonido del silencio es nuestra sombra, lo que pudo haber sido también, pero sobre todo, lo que será.

De la página 65:

Diario del surrealista

¿Podría guiarte suavemente

a través de la pastura verde

y de la melodiosa vega?

Mi corazón es un capullo

que se abre a tu sonrisa.

Espero por tu voz

que huele a verano del Mediterráneo.

¿Podría guiarte a través de un paisaje

donde unas manos velludas, sudorosas con el calor del estío,

alcancen las manzanas maduras?

¿Podría conducirte a un paisaje de jazz

y bajar por el arroyo donde saltan las truchas?

¿Podría invitarte a cultivar esta oscuridad

en estos poblados

que cuidaron sus ovejas

y defendieron su suelo

sin la gloria prometida,

donde languidecieron las miradas anhelantes

en un polvoriento camino?



Chang Soo Ko no remite a vacío alguno, versa sobre el silencio que uno exterioriza cuando uno se encuentra en profunda reflexión, nuestro silencio exterior puede ser violenta voz y grito interno, y así  mismo, toda luz proviene de afuera, desde el interior oscuro solamente emanan breves centelleos casi imperceptibles que se vuelven iluminantes cuando se establece contacto íntimo con el Otro. Nuestro pensamiento tiene origen en un pedazo de carne que reposa dentro de una cavidad ósea, y sólo alcanza a mirar lo que nosotros queremos mirar. La situación en la que nos pone la poesía del autor coreano es aquella en la que hacemos conciencia de que mientras las representaciones que se generan por la mirada pueden ser controladas a voluntad, los sonidos y el silencio están ahí aunque nosotros los queramos ignorar.

¿O es que acaso podemos decir que la voz interior no tiene la forma del sonido? ¿No es cierto que podemos recordar por completo una melodía sin necesidad de un piano o de tararear o cantar?

De las páginas 11 y 12:

Todas las cosas tienen ojos y oídos

Todas las cosas tiene ojos.

Cosas como velas, espejos y faroles

todos abren sus ojos a un infinito azul.

Como el poeta de este mundo captura sus miradas más allá de este mundo.

como el poeta de ese mundo captura sus miradas más allá de ese mundo.

Todas las cosas mantienen abiertos sus ojos

en busca de las cosas sin forma,

en busca de las cosas sin voz,

en busca de las presencias ciegas dentro de nosotros mismos.

Todas las cosas tienen oídos.

Cosas como el clavo oxidado, la peinilla y el cepillo viejos

todas escuchan con todos sus oídos, reteniendo su respiro.

Como la gente de este mundo escucha las cosas de ese mundo,

como la gente de ese mundo escucha las cosas de este mundo.

Todas las cosas dirigen sus oídos a las cosas silenciosas.

Escuchan las cosas poseídas dentro de sí por la ignorancia.

Escuchan con todos los oídos, a pesar de los oídos.

Los oídos de todas las cosas están abiertos

como están abiertos los de aquellos de alma y mente tortuosas.

Todos los oídos de todas las cosas están abiertos

a los silencios sin forma ni figura

que se agitan detrás de los clamorosos sonidos.

Los oídos de todas las cosas están abiertos

a los silencios sin forma ni figura

que se agitan en los más hondos lugares

dentro de nosotros mismos.

Todas las cosas mantienen tus ojos abiertos, mantienen abiertos tus oídos.

Penetra las cosas poseídas por la ignorancia que esquiva nuestros ojos.

Ondea tus manos hacia el espacio-tiempo sin-ojos-sin-oídos

que hemos esperado desde la más remota edad

que llega ahora ondeando sus manos.

¡Oh, cosas!, todas las cosas con ojos abiertos y abiertos oídos

daos la mano,

daos la mano apuntando a nuestro acorralado tiempo-espacio

que se encuentra en un plato vacío,

apuntando a nuestro sentido más profundo

que se encuentra en un plato vacío.

Ábrase de par en par nuestra ignorancia, ceguedad cautiva, muerte y final.



Este trance psicológico de carácter epistémico será de lo que se dirá por último, porque es cierto que desde René Descartes toda la atención filosófica del occidental tradicional se ha fijado en lo que llega a la mirada, y sin renunciar a su partida, omite cualquier otra forma de conocimiento por una supuesta carencia en cuanto a su posibilidad de verificación. Esta certidumbre que se funda en los ojos excluye y fisura la totalidad del cuerpo sensorial, aclamando con fingida benevolencia y pudorosa gloria el ocaso de lo auténtico sensible.

8 pensamientos en “Chang Soo Ko: “El sonido del silencio”

  1. Me ha gustado demasiado la poesía de Chang Soo Ko, agradezco que hayas posteado esto, porque de alguna manera tanto yo como otras personas puden tener la oportunidad de conocer este tipo de poesía, simplemente sensitiva.
    ¿Cómo podría encontrar más de Chang Soo Ko?

    Por cierto, muy interesante toda la variedad de tu blog y molto grazie por tus comments ( :

    • Hola Janice!

      Es gratificante saber que has encontrado útil la reseña que he dedicado a Chang Soo Ko, lo es incluso más que lo fue encontrarme por sorpresa este libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el año pasado, en un local pequeñito y modesto (comparado al de las grandes casas editoriales).

      Encontrar material de este autor no es tan sencillo, por eso mismo me he tomado el tiempo de sumarme a las fuerzas de quienes quieren dar a conocer estas bellas obras de la literatura coreana. Yo mismo no he encontrado otro espacio para encontrar material físico de Chang Soo Ko en librerías o bibliotecas, soy uno de esos pocos en México que posee una copia de “El sonido del silencio” gracias a Ediciones el Ermitaño y su excelente colección de literatura coreana. Los esfuerzos que se han llevado a cabo para dar a conocer estas letras a la comunidad de habla hispana aún son muy pocos. La mayoría de sus textos se encuentran solamente traducidos al inglés, y en ese idioma es en el cual podrías encontrar más libros de él, sobre todo por medio de la comprar por internet.

      Dado al interés que comentas por concer más la obra de Ko, espera dentro de poco la transcripción completa del poemario que estoy haciendo, justo para difundir un poco más su palabra poética y así ayudar un poco a la diseminación de su poesía.

      Pronto subiré la reseña de otro libro que compré en aquella ocasión, “La vida secreta de las plantas” de Lee Seung-U, una increíble novela.

      Y en cuanto a los comentarios que te he dejado, no tienes nada que agradecerme (aún, já!), porque nos seguiremos leyendo 😉

      • Fue algo sorprendente toparme con ésta reseña y aun más con los poemas que anexaste, de alguna manera encajaron con algunas cosas de mi vida. En fin, muchas gracias y la esperare con ansias!

    • Así es, ese mismo. Y a decir verdad sus precios eran bastante “nobles” a diferencia del stand de Colofón (y tantos otros) en donde practicamente todo estaba a más de $400!!!

      Incluso, amigos que tuvieron que estar en la FIL durante todo el día todos los días, por motivo de su servicio social, me contaron una anécdota bastante chistosa, sobre como un día de esos llegó por ahí un importante ejecutivo empresarial… digo… “directivo” de la UDG que pidió por una “rebaja”… JÁ! vamos hombre, si no hay ni descuento para estudiantes.

  2. Hola mi nombre es Juan Ramírez, de antemano agradezco el material suministrado, el presente mensaje es con objeto de solicitar tu valioso ayuda a fin de conseguir el texto “el sonido del silencio” ya que se hace fundamental para mi trabajo de investigación sobre el silencio en la literatura, he buscado por todos lados la obra ha sido imposible, vivo en Colombia y pues esto dificulta aún más las cosas, por favor espero un contacto a mi correo, jmramirezrave@gmail.com de antemano mil gracias.

    juan manuel ramírez rave
    colombia

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