The Worldier

Tequila shot. Repeat. Whisky shot. Repeat. Vodka shot. Repeat. Coke sniff, drug shake. Escándalo interior, temblor existencial. Nada. Repeat. Coke sniff. Tequila, whisky, vodka shot. Repeat. Alcohol death. Nada.

Salí a la calle.

Apuntar con un arma a un policia es la más estúpida decisión de una vida. A ellos, el terror les llega hasta sus cerebros. Tienen la posibilidad del uso legítimo de la fuerza. No escatimarán en usarla aunque simplemente se trate de escapar de un miedo a otro. Con las cadenas pueden reclutarte para sus cobardías. ¿Por qué estoy armado? El suicidio habrá aparecido como partícula de mi imaginería, o más bien, de mi ingeniería dramática. Soy parte de una máquina inexorable llamada humanidad condenada a partirse los huesos cayendo por el abismo del sentido. Perdemos sentido. El teatro me devuelve ese sentido, pues al actuar, el alma reencarna en un ser extraordinariamente distinto a mí que muere por otras causas que nada tienen que ver con mis insípidos deseos de… no desear nada o de desear no soñar.

Entonces, señalé con mi arma a un policia. Sus rostros pálidos y moribundos se me arrojaron con exhaustiva violencia, mientras recordaba el pasillo cerrado y oscuro en donde me bebí un gotero de LSD con tanta sed como mi teen angst tiene por augurio. No hay bien, no hay mal. No por ello deja de existir lo bueno y lo malo, pero nada tiene que ver con la moral, es con respecto a la salud o la enfermedad. El callejón estaba cerrado, al mirarlos, patéticamente asustados, los señalé y les dije la verdad: “¡Bang, bang! You’re dead or will be.” Sus camisas azules me recordaron a las casacas comunistas, a los uniformes de las juventudes hitlerianas, a mi propio bachillerato. Era evidente que inmediatamente quisiera escapar al mundo del cálculo definido… definitivo. Pero la poesía de mi pasión por actuar sólo sería real si yo me atrevía a rescatar mi parte oscura, la más profunda, la más interior. No tuve la más mínima oportunidad  de correr, me atrapó su ansia por no morir.

En prisión todos vestiamos de amarillo. Color chillante, insoportable de mantenerse a pie observándolo. Nos hacian la compañía intolerable, uno deseaba refugiarse en su mente.

La lengua fria resbaló sobre las cortinas. It was the wind over the ashes of consciousness. Melancólico, deseaba la libertad que nunca tuve cuando aún no era encarcelado sobre mí, mientras un escalofrío fatuo se me escurría como el fin del mundo. Sin embargo, aún cuando nada parecía poder recordarme el propio ser en el que consisto, la alegría aparecía sólo bajo la apariencia de una melodía que repetía a voluntad ignorando su origen.

Past. Repeat.

Future death and end of time.

2 pensamientos en “The Worldier

    • No sé nada del sistema burocrático para los comentarios en WordPress porque siempre respondo como usuario “logueado” y se hace en automático. Total.

      Buscaré ese libraco.

      Un saludote Antoneo, nos miramos en la facultá.

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