Swing

Marc Chagall, "Tentation", 1912

De un lado a otro las simetrías se descomponían, la mirada había sido capturada por una danza tan alegre que el corazón se angustiaba ante la infinita distancia entre uno y la verdadera alegría. El vestido rojo bailaba, negando el espacio recorriéndolo como un tiempo mecánico que se hincaba en la frontera entre la pulsera y el pulso. Una pausa se impuso. Él la miraba extraviado en cenizas, ella aplaudía extasiada en sudor. La marcha poco a poco recorrió sus músculos, que distensos se disponían al ritmo. El paladar ahogó el sabor de la bebida, todo se convirtió en impulso, totalmente armónicos sus cuerpos dependieron el uno del otro. Se arrodillaron entre sí, se volvieron sobre sí-mismos, perdieron la tentación del roce, se recordaron abrazados rodando sobre las sábanas que bien pudieron llamar hogar. Se expresaban muriéndose en la piel. Se morían muy despacio, se morían el uno en el otro.

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