Cézanne avec moi

¿Por qué incluir un cráneo en una “naturaleza muerta” es un ejercicio inusual para la pintura? La muerte es el secreto, lo temido, lo que nunca vamos a aceptar. El primer gran movimiento de ese otro flujo que cesó, el impresionismo, es el pensamiento real sobre la muerte. Real, pero pictórico, repleto de fuerza plástica, de energía transformativa. La mayoría de los estudiantes de filosofía sienten carcomer su cerebro ante palabras tales, cuya razón simplemente se explica por su escaza sensibilidad.

No me arrepiento de haber estudiado filosofía, es decir, aún no la he estudiado como es debido dado que acudo a una escuela en donde se trata de enseñarla. Si, veamos quien es más cráneo. Más cráneo y más cerebro en la muerte, cuando el cerebro puede ser observado, cuando puede olerse, mejor, cuando se pueden meter los dedos en el cerebro de otro.

La represión es una masa que se une a la fricción de lo cerrado. Cuando los ojos se cierran, alcanzan a ver el resplandor y escuchan el estruendo de un relámpago, pero cuando los ojos se cierran, pocos ven colores y escuchan música que no existe.

Me detengo a pensar, no, no a pensar. Soy mi cuerpo.

Si, soy mi cuerpo.

“Llamo causa adecuada aquella cuyo efecto puede ser percibido clara y distintamente. En virtud de ella misma. Por el contrario, llamo inadecuado o parcial aquella cuyo efecto no puede entenderse por ella sola.” (Spinoza, Ética, Libro III, Definición I).

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