Plexo solar

Procede especialmente del gran simpático. Advirtiendo señalando con un dedo con un dedo la imaginación o perdiendo rumbo girando la carne, frunciendo el ceño, las glosas, el desayuno. Ejercicios de respiración, gimnasia muscular y un deseo mórbido o intempestivo colosal, aplaudiendo magnesia entre las manos, cuatrocientas piruetas y caer sobre los rodillos fracturados, polvo, somos seremos. Nebular oscilando, oxidando, oxigenando, originando y se abre a la tierra coagulando, se esconde en el armario, trepidante vana-gloria de colores oscuros, rodantes y silencios luminosos.  Orgulloso cuerpo que cuida de sí mismo haciendo pesadas las lápidas de los ojos para no poder dormir pero permanecer soñando y entonces enteramente blando el cerebro se impacta contra el cráneo dejando una impresión rupestre de los instintos y los carnavales neuronales que azotan con depresiones -en el sentido climático de formación de tormentas- una masa densa pero no espesa que sale de mi bocalengua superponiendo mis labios sobre el interlocutor sin ninguna utilidad pero demasiado gozo. Y me caigo callando la solemne fianza de mi partida. ¿Es un juego de memoria o pura melancolía?

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